Diferencias entre Psicópata, Sociópata, Neurópata y Psicótico: cuidado, pon mucha atencion.

psicopata

Psicopatía, Psicopatología y Conducta Criminal. Diferencias entre Psicópata, Sociópata, Neurópata y Psicótico:

El sociópata

El sociópata se define como un individuo asocial y con fijaciones por no tomar roles ni pertenecer a un grupo social, además de romper continuamente las normas.

Muchos sociópatas son personas apáticas y sin sentimientos, tienen gran facilidad para mentir, son grandes manipuladores, no se sorprenden por nada y parece que ningún acontecimiento les afecta.




Son personas violentas, debido a su impulsividad y debido a que no tienen la necesidad de relacionarse con otros, huyen y se aíslan de las relaciones sociales.

Los primeros síntomas suelen aparecer antes de los 18 años, derivando en la edad adulta en la ejecución de delitos continuos y frecuentes. Pero también es verdad que no todos los sociópatas son delincuentes.

Muchos sociópatas tienen una gran indiferencia hacia los sentimientos ajenos, a veces están dispuestos y sin remordimiento a disponer de la vida de alguien, y otra característica que los define es que tienen una gran facilidad al mentir, no se exaltan y las mentiras fluyen de su mente como un río, por lo cual no tienen que esforzarse para hacerlo, tanto así que algunos incluso son capaces de engañar a un detector de mentiras profesional.

El sociópata conoce bien lo que es bueno y lo que no lo es dentro de una sociedad. Se comporta con tanta sinceridad que hace pensar a los demás que cree en los valores humanos. Son francamente intratables, al grado de que algunos leen libros de psicología con tal de imitar las conductas del esquizofrénico. Como sea posible tratan de manipular a sus captores o a los terapeutas.

De acuerdo con estudios hechos utilizando la técnica de análisis psicológico (DSM-IIIR) entre 3 y 5 por ciento de los hombres son sociópatas, mientras que menos del 1 por ciento de la población de las mujeres lo son.

Factores ambientales que los psicólogos dicen, pueden contribuir al surgimiento de un sociópata:

Los estudios muestran que el 60 por ciento de los psicópatas han perdido a uno de los padres. El infante es privado de amor maternal; los padres están ausentes o alejados. Un régimen incorrecto de disciplina: una madre débil, el niño aprende a odiar la autoridad y a manipular a la madre. Dentro de los síntomas clásicos está el lenguaje, querer tener siempre la última palabra: justificándose con términos como “no, pero…” o “es que…” muestran claras evidencias de esta disfunción. Otro de los claros síntomas consiste en buscar una justificación, echándole la culpa a terceros de sus errores, inclusive recurriendo a mentiras burdas. La presencia de un hermano menor o un amigo de carácter mas dócil siempre será una oportunidad para maltrato psicológico, e incluso llegan al extremo del maltrato físico. Se han visto casos que derivan inclusive en la muerte de hermanos menores.

¿Conoces a alguien?

¡Carpe Diem!

Psicopatía, Psicopatología y Conducta Criminal. Diferencias entre Psicópata, Sociópata, Neurópata y Psicótico:

Una de las temáticas más recurrentes e intrigantes para el ámbito psicológico forense y criminológico, ha sido el estudio y análisis de la relación entre conducta criminal y la psicopatía, sociopatía y/o, en la última década, de la neuropatía o neuropatología.

También y para una mejor comprensión, resulta necesario incluir el “estado psicótico” dentro de los conceptos psicopatológicos que guardan relación con la comisión de delitos y crímenes diversos.

Lamentablemente y para estas temáticas, existen tantos autores, como definiciones conceptuales de índole académica, que a menudo, tanto aficionados, como profesionales, suelen confundir o ignorar la diferencia principal entre la denominación categórica de los psicópatas, sociópatas, neurópatas y psicóticos.

El común denominador de estos términos, guarda relación con la psicopatología o la “enfermedad psicológica” como precursor o gatillante de comportamientos sociales disfuncionales, antijurídicos o ilegales, criminales, bizarros, antisociales, “inhumanos”, “deshumanizados” o indolentes, que por lo general afectan o agreden directamente la interacción y las normas de convivencia social.

Tanto el psicópata, como el sociópata, el neurópata y el psicótico, son “sinónimos” de una disfunción individual, que afecta o influye negativamente sobre variables cognitivo/emocionales, que a su vez determinan la conducta con otros, en contra de otros y las relaciones “interpersonales” a nivel general.
el psicopata y el sociopata en la psicologia forense




Psicopatología y Conducta Criminal

Ahora bien, la principal diferencia entre los conceptos que se mencionan, radica en el tipo de variables asociadas a los porqués o causas, que provocan o influyen directamente sobre el desarrollo y manifestación psicosocial de los mismos.

Clasificación general: (Psicópata, Sociópata, Neurópata y Psicótico)

Psicopatía y Psicópatas: “Enfermedad” o disfunción psicológica = Variables internas, más tempranas (niñez), como consecuencia de disfunciones parentales (Padre, Madre o ambos) o de crianza temprana, que “impiden” o “inhabilitan” considerablemente el desarrollo de la empatía, la capacidad de arrepentimiento y refuerzan el egocentrismo (abandono emocional) y la compensación sádica del comportamiento con otros (malos tratos y abusos).

Ej. Estafadores, déspotas, impostores, corruptos, abusadores y agresores seriales. (Se desenvuelve de manera individual)

*El psicópata o el individuo poseedor de rasgos psicopáticos, no necesariamente es un criminal, de hecho la mayoría de los “psicópatas” están plenamente integrados a la sociedad, no son criminales y la probabilidad de que sean juzgados por algún ilícito es la misma que la de cualquier persona.

Sociopatía y Sociópatas: “Enfermedad” o disfunción social “por y en contra de la sociedad o de lo socialmente establecido” = Variables externas, más tardías (adolescencia/adultez), como consecuencia de hechos o interacciones sociales específicas que trauman, resienten o influyen negativamente sobre el raciocinio, la emocionalidad y por ende de la conducta social (“en grupo”).

Ej. Terrorista, mafioso, crimen organizado, sectas, turbas, pandillero, sicario, resentido social, etc. (Se desenvuelve en grupo)

Neuropatía y Neurópatas: “Enfermedad” o disfunción neurológica = Variables fisiológicas y estructurales (accidentes), malformaciones de nacimiento, radiaciones, abuso de sustancias, traumatismo de lóbulos, a nivel de corteza, etc.

Ej. Personas que sufren accidentes cerebrovasculares donde se afecta el lóbulo frontal, lo cual, puede provocar cambios crónicos (agudos) en la personalidad y conducta de cualquier individuo, en cualquier momento y de manera irreversible.

Estado Psicótico y Psicóticos: “Episodio psicopatológico agudo” (día de furia), muchas veces único, disfunción general circunstancial (perdida del juicio o desconexión temporal con la realidad) inducido o gatillado por el consumo y abuso de drogas o alcohol, lo cual provoca un efecto potenciador (amplificador) de rasgos limitantes, más comunes, que afectan la salud mental de las personas.

Ej: Femicida, algunos tipos de suicidas, asesinos en masa, homicidas circunstanciales, asesinos pasionales, etc.
CONCLUSION:

La clasificación presentada considera en todas sus categorías una disminución y disfunción, respecto del grado de consciencia o racionalidad entre un individuo su comportamiento disfuncional y las consecuencias o efectos de éste en el entorno social inmediato.

En la misma, no se considera relevante la inclusión de variables biológicas o genéticas (absolutistas) debido a su carácter especulativo, que en pleno año 2011 y decodificado el genoma humano, sigue sin poder rendir evidencia científica objetiva, observable y concluyente, en cuanto a que la conducta criminal o la delincuencia y sus derivaciones sociales, estén relacionadas con la supuesta “existencia de genes o sub genes” cómo factores predisponentes en las mismas. Que por lo demás, en su gran mayoría no son más que constructos consensuales delimitados por el derecho penal, cuyas disposiciones varían drásticamente según variables geográficas y socioculturales.
Diferencias entre psicopatia y sociopatia

Psicopatía, Psicopatología y Conducta Criminal.

Por Cristián Araos Diaz.

Psicólogo especialista en Psicología Jurídica Forense y Ciencias del Comportamiento Aplicadas.
TEMA: ¿PSICOPATA, SOCIOPATA, NEUROPATA O PSICOTICO?

Antisocial Psicópata Sociópata: Las tres caras de Narciso (Una síntesis adaptiva y axiológica – Parte I)

1. El psicópata en la especie humana: su interés cultural y clínico
2.
3. Más adelante
4. Lo que añade a la confusión de la nomenclatura existente
5. DSM-IV-TR
6. Rasgos que son comunes a las clasificaciones de psicopatía y sociopatía:
7. Las anormalidades cerebrales de los psicópatas, como se observan durante los estudios de imaginerías cerebrales
8. Las neurociencias y sus aportes al entendimiento y desarrollo de nuestra tesis
9. El cuerpo calloso
10. Frank. Serpientes disfrazadas de seres humanos, la psicopatología del psicópata
11. La neurociencia en el entendimiento de la patología del sociópata
12. Bibliografía
“Pecar es cosa humana, justificar los pecados es cuestión del diablo” Leo Nikolaevich Tolstoy (1828-1910)
Esta presentación procederá en dos partes: la primera destaca la definición de la entidad diagnóstica y del individuo afectado por la afección investigada, la segunda, explora la niñez y el desarrollo de los individuos considerados.
El psicópata en la especie humana: su interés cultural y clínico
Los psicópatas y sus acciones gozan de mucha cobertura en la prensa. Una literatura impresionante rodea este tema el que nos proponemos desarrollar en esta tesis.
Se trata de la psicopatía, asimismo conocida como la sociopatía, o como trastorno antisocial de la personalidad: Las tres caras de Narciso.

La máscara de la sanidad.
Debido a un auge repentino — producto de las neurociencias — muchos trabajos recientes se han venido publicando acerca de esta condición — o “condiciones” aberrantes — del comportamiento humano. Categorías nosológicas que nunca han dejado de fascinarnos por sus inherentes enigmas y repercusiones espectaculares.
Para el estudio de un tema de tanta importancia, de inmediato encontramos el sempiterno obstáculo técnico, resultado de la vaguedad conque los términos que los definen se complican, producto de la confusión que DSM-ETC nos proporciona.
Un asunto de semántica
La tarea se dificulta aún más por la semántica involucrada, cuyo atento a clarificación, nos ocupará durante nuestra trayectoria intelectual.
Mi interés en esta entidad diagnóstica fue resultado de mi experiencia durante mis años de oficial médico en la US Navy donde, trabajando en el sistema penal, viera un número impresionante de estos individuos.
Cuando retornara a Washington University para continuar mi entrenamiento psiquiátrico, cooperé con Bob Woodruff, entonces involucrado en el desarrollo del pionero Feighner”s Diagnostic Criteria del que éste último fuera coautor.
Nuestra tarea en esta primera parte de estas dos lecciones es el esclarecimiento de este cuadro clínico y diagnóstico, de refinar sus confusiones heurísticas, y de tratar de entender sus amplias implicaciones y aplicaciones pragmáticas.
La segunda parte profundizará en los importantes temas del desarrollo evolutivo de estas entidades, de su tratamiento, de la prevención, y de los componentes ético/morales resultados de las investigaciones recientes.
Espero que ésta sea una interesante jornada.
Empecemos con la cuestión de las diferencias entre las categorías nosológicas: Es ¿Sociópata o psicópata? O, es ¿trastorno antisocial de la personalidad (TAP)? ¿Qué es?
Comenzando admitiremos que la distinción misma es muy complicada. Aunque muchos, erróneamente, creen que éstas son entidades idénticas. Así las consideran, porque la mayoría de los clínicos usan esencialmente psicópata y sociópata, aplicando ambos términos de manera indiscriminada, ya que las dos son entidades que forman parte del amplio espectro de los trastornos de la personalidad — donde TAP, hasta ahora, pertenece — mientras que, todas, como más adelante veremos, colindan con varias entidades con las que, a veces, se confunden — para contribuir a la desorganización que confrontamos.

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos74/antisocial-psicopata-sociopata-uno/antisocial-psicopata-sociopata-uno.shtml#elpsicopaa#ixzz2HuxvAoEI

Sociópata, antisocial, o psicópata: “quo vadis?”
Históricamente, la “psicopatía” fue el primer trastorno de la personalidad que la psiquiatría reconociera per se. Philippe Pinel (1745-1826) un destacado psiquiatra francés, originalmente la usó como expresión diagnóstica en los años 1800s, que traducía como “manía sin delirio”.
La etimología sigue: Del griego: ???? psiquis (“alma”) + p???? (pathos) “sufrimiento”.
En el 1801 Pinel, describió pacientes cuyas facultades mentales estaban intactas pero, que, no obstante, se envolvían en actos impulsivos y contraproducentes para ellos mismos. Pinel percibió en estas personas, lo que calificara como la folie raisonnante (“el delirio racional”) significando que estos individuos entendían totalmente lo incongruente de sus acciones pero, que, a pesar de todo, continuarían actuando del mismo modo.
Hacia el principio del siglo XX, Henry Maudsley (1835-1918), en Inglaterra, empezaría a escribir acerca de la “imbecilidad moral”, anticipando — premonitoriamente — que estas personas no podían ser rehabilitadas por el sistema correccional.
En los Estados Unidos, el prominente psiquiatra y patricio, Benjamin Rush (1745-1813) (“Padre de la Psiquiatría” de ese país) designó el mismo comportamiento como “locura moral”, observando que estas personas, desde muy temprano en sus vidas, desarrollaban maneras socialmente negativas. En la opinión del controvertido psiquiatra, rubricante de la constitución de su país, y asimismo santo patrón de la American Psychiatric Association, estos individuos resultarían ser más problemáticos para otros, en lugar de ser “enfermos”.

Te adoro.
El uso del término “psicópata” se comenzó a aplicar en Alemania, durante las décadas finales del Siglo XIX, aunque en este caso, abarcaba consigo la presencia de trastornos biológicos. Resultando en que al principio del Siglo XX la categoría de “inferioridad psicopática constitucional” se había constituido en el comodín que definiera la mayoría de los trastornos médicos, fueran éstos emocionales o físicos.
Mucho después sería cuando los daños al cerebro y las condiciones fisiológicas fueran segregados en diferentes categorías diagnósticas.
El próximo paso consistió en remover la palabra “constitucional” de la clasificación, dejando la amplia e inelegante terminología de “personalidad psicopática”, carente de precisión diagnóstica: relegando el término solamente para el uso en aquellas personas quienes no eran psicóticas o neuróticas, pero que, sin embargo, causaran problemas a su comunidad.
Más y más los psiquiatras continuarían esforzándose en encontrar soluciones a la definición de este concepto. Pero tuvieron que esperar hasta el año 1941 cuando la noción del psicópata fuera firmemente establecida con la publicación del libro La máscara de la sanidad por Hervey Cleckley — autor celebrado de Las Tres Caras de Eva. (Véase mi artículo, Escribiendo en la arena: Bulimia y Trastorno de la Personalidad Múltiple, en monografías.com).
En esta obra, de trascendencia monumental, el autor ofrece 16 criterios para la formulación diagnóstica de la psicopatía, incluyendo, temperamento excitable, tendencias manipulativas, irresponsabilidad, egocentrismo, superficialidad emocional, carencia de empatía o ansiedad, e inclinación a cometer más clases de crímenes — y de peor naturaleza — que otros infractores.
Cleckley describiría los psicópatas como siendo igualmente más violentos, más inclinados a la reincidencia, y poco responsivos al tratamiento.
Esos criterios eran para el “psicópata”. Pero, qué ¿acerca del sociópata y el TAP?

Diferencias en la actividad cerebral entre psicópatas y personas normales
A medida que el concepto de la psicopatía continuara su evolución nosológica. En círculos profesionales psiquiátricos — para lograr formular el diagnóstico — se decidió reemplazar la combinación de rasgos y conductas, con los de comportamientos exclusivamente — ya que los comportamientos son más fáciles de catalogar. Para reflejar este nuevo énfasis, algunas entidades vetustas recibieron nuevos nombres.
En el 1952, en la nomenclatura psiquiátrica oficial, la categoría “psicópata” fue reemplazada con la de la “personalidad psicopática”, mientras que ambos términos se usarían de manera intercambiable bajo la rúbrica de los “trastornos de la personalidad”.
Finalmente, con la segunda edición de The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-II) en 1968, la designación de “personalidad sociopática” cedió el paso a “trastorno de la personalidad tipo antisocial”.
Doce años más tarde DSM-III introdujo una lista de criterios explícitos para identificar individuos que, por mucho tiempo habían sido catalogados como psicópatas, llamándoles Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP). Este criterio enfatizaba la violación de normas sociales, en lugar de destacar rasgos de temperamento. Dejando a muchos investigadores descontentos porque, eliminando de la descripción los atributos de carácter, para ellos, resultaba en insuficiente rigor diagnóstico.
Durante los años setentas del siglo pasado, algunos investigadores ignoraron el DSM mientras desarrollaban, por su propia parte, herramientas de investigación más sofisticadas para apuntalar la importancia tradicional de la noción de la existencia diagnóstica e independiente del psicópata, como Cleckley la había concebido.

Tres caras de Narciso.
Más adelante
Robert Hare y sus colegas en el Canadá diseñaron la Psychopathic Checklist (PCL-R), con veinte puntos cubriendo ambos: rasgos y comportamientos. Sin embargo, por razones políticas, la mayoría de los seguidores ciegos del DSM en los EE UU, se aferraron indiscriminadamente — a pesar de la realidad en su contra — a este último sistema, producto del “Gran DSM” implicando que TAP y la psicopatía eran lo mismo — lo que nunca fuera cierto.
El Trastorno Antisocial de la Personalidad — la tercera cara de Narciso — es una categoría mucho más amplia, que incluye personas que no calificarían en el PCL-R como psicópatas. Y, que, si bien es cierto, que algunos psicópatas pueden ser diagnosticables como TAP, lo mismo, recíprocamente, nunca podría aplicar a todas las personas diagnosticables como TAP. Por consecuencia, ambos términos se refieran a categorías traslapadas, pero esencial y fundamentalmente distintas.
Lo que añade a la confusión de la nomenclatura existente
Los investigadores que aplican el concepto tradicional concebirían la psicopatía como un amplio trastorno caracterizado por rasgos específicos, como son la falta de remordimiento y empatía, la tendencia a la mentira, egocentrismo, manipulación habitual, labia insincera, emociones superficiales, poca tolerancia a la frustración, relaciones interpersonales episódicas y tenues, estilo de vida parasítica, e inclinados a la violación persistente de las normas sociales. Muchos de esos criterios son difíciles de asignar por ser subjetivos, como ya veremos.

¿Amistoso o fanfarrón?.
De acuerdo a Robert Hare, “[la] psicopatía es uno de los mejores validados conceptos en toda la psicopatología”.
Prosiguiendo
Hemos ya escrito abundantes — y para nosotros, justificables — críticas, acerca de DSM-ETC para volver a discutir en este espacio las políticas que confunden y obscurecen la misión de esta nomenclatura que, arbitrariamente, rige los diagnósticos en la psiquiatría. Como resultado colateral de su uso, lo que hemos obtenido — por la descuidada falta de especificidad que DSM siempre nos causa — es que casi todos los términos — como se describe en mi ponencia acerca de la Histeria — por ella considerados, poseen significados indeterminados.
Lo que nos trae de nuevo a la pregunta original: ¿cuál es la diferencia entre un psicópata y un sociópata? Y, ¿qué sucede si se añade a la pregunta el TAP? La cuestión, aquí la repetimos de nuevo, porque la respuesta permanece elusiva.
Si uno endorsa los criterios diagnósticos de Hare — evadiendo los de Feighner que, como veremos más adelante, en este asunto. poco asisten — para un psicópata, lo que encontramos es un individuo engañoso, manipulativo, narcisista (mantengan este criterio en mente), que carece de remordimiento y empatía. Por su parte (¡sorpresa!), se cree que el sociópata es capaz de sentimientos de culpa, de abrigar alguna forma de empatía y de desarrollar relaciones estables. pero “solamente dentro de ciertos parámetros”.
Por ejemplo, él/ella, profesarían lealtades a un grupo específico, pero no a toda la sociedad. Ya que a ellos no les importan las normas sociales, las que rompen, con indiferencia, si, así hacerlo, les sirven sus fines.

La mala semilla
Así que, si en la superficie, éstos aparentan ser insensibles como los psicópatas, asimismo todavía pueden sentir remordimientos por haber hecho daño a alguien dentro de su grupo, cuadrilla, o familia. Lo que los hace ser selectivos en la expresión de sus comportamientos negativos dentro de su clan a quienes juran fidelidad.
El veredicto final.
Como resultado de las imprecisiones diagnósticas de que “gozamos” (o de que “padecemos”) gracias a DSM, las diferencias entre un psicópata y un sociópata permanecen borrosas.
DSM-IV-TR
DSM-IV lista las definiciones TAP y psicopatía juntas bajo el acápite de Personalidades Antisociales, debido al hecho de que ambas categorías comparten rasgos comunes. Es como si dijéramos que la gordura disoréxica y el síndrome de Cushing, aunque no entidades idénticas, pueden ser clasificadas como formas de la obesidad epidémica, solamente porque se parecen entre sí.
Muchos, todavía persisten, en el uso de los términos sociopatía, psicopatía, y Trastorno Antisocial de la Personalidad de manera intercambiable.
Para empeorar la confusión actual, los investigadores, aún disputan no sólo si existe una diferencia entre un sociópata y un psicópata, sino que no están de acuerdo en lo que éstas serían — si es que, de veras, existen — tales diferencias.

Aun aquellos profesionales que identifican distinciones entre los varios diagnósticos aceptan el hecho de que las características entre las categorías son confusas y muy similares entre sí.

Lolita Maluca.
Rasgos que son comunes a las clasificaciones de psicopatía y sociopatía:
Ambos, los sociópatas y los psicópatas, manifiestan una falta de interés en los sentimientos y derechos de otros. Lo que, se cree que, generalmente, aparece desde la edad de 15 años, y lo que se acompaña por la crueldad hacia los animales. Esos rasgos, son distintivos y repetitivos, creando un patrón de mala conducta que excede lo aceptado, como simples travesuras de la adolescencia.
Ambos, el psicópata y el sociópata, carecen de sentimientos de culpa o de remordimiento. Ambos proyectan una ausencia radical de conciencia moral y son totalmente egoístas. Ambos, con regularidad, ignoran las leyes, los códigos éticos y las reglas que a todos aplican, siendo indiferentes a poner en peligro — las propias — y las vidas de los demás.
De las características más salientes, algunos todavía sostienen, que el sociópata tiende a ser menos organizado en sus comportamientos que el psicópata, resultando ser más ansioso y fácilmente agitado — alguien quien es apto a vivir en la periferia social sin soporte económico sólido o persistente.
Por la otra parte, algunos contienden que el psicópata se inclina a ser extremadamente bien dispuesto, discreto y manipulativo. Su personalidad manifiesta es, a menudo, carismática y encantadora, escondiendo la persona real que existe por detrás.
Y, como Kohut nos ilustrara — cuando hablara del narcisismo — si es cierto que los psicópatas no tienen sentimientos por los demás, ellos pueden imitar los comportamientos que los hacen parecer sinceros.

Prisión Abu Grahib
Muchos creen que, todos los factores siendo iguales, que uno tendería a confiar más en un psicópata que en un sociópata. Lo aconsejable sería permanecer alerta, y desconfiado, frente a ambos tipos de individuos.
Debido a la putativa, mejor organización en la personalidad del psicópata, éste, puede haber adquirido una educación más avanzada que la que regularmente obtiene el sociópata promedio, quien, probablemente carece de los atributos de la atención necesarios para lograr éxitos escolares.
Mientras que los psicópatas, pueden eludir y “volar bajo el radar” de la sociedad, aparentando mantener familias estables y trabajo productivo, el sociópata, a menudo, carece de los talentos necesarios para poder pretender comportamientos normales.
Desde el punto de vista de la criminología, las faltas cometidas por el sociópata son típicamente desorganizadas y espontáneas, mientras que las del psicópata son bien planeadas, lo que las hace más difíciles de detectar que las de los sociópatas.
Lo que puede decirse, como sinopsis, es que, desde todos los puntos diagnósticos, las diferencias son sutiles y que ambas categorías poseen rasgos abundantes de la otra.
Lo que nos trae en un círculo completo al mismo sitio desde donde empezáramos.
Para añadir oscuridad a nuestro dilema, tenemos que recordar que no todos quienes carecen de la empatía son sociópatas o psicópatas, como sucede en los casos del narcisismo patológico (NP) o de los trastornos del espectro del autismo, incluyendo el síndrome de Asperger, con el cual, en nuestra experiencia, la psicopatía se relaciona.

Explorando la consciencia
Prosiguiendo
Los pacientes, que Cleckley inicialmente estudiara, provenían de todos los grupos socioeconómicos. Algunos eran humildes, pero otros, eran miembros de las clases aristocráticas y pudientes de Augusta, Georgia.
En su descripción, y en un esfuerzo a hacer más precisas las diferencias entre los grupos, para distinguirlos de otras formas de trastornos emocionales, Cleckley los dividió entre “primarios” y “secundarios”, distinción que ya no aplica.
Los estudios recientes del psicólogo Kent Kiehl y los de otros investigadores revelan que los escáneres cerebrales obtenidos de los psicópatas son diferentes a los de otros seres normales. Apuntando en la dirección del sistema paralímbico, involucrando asimismo áreas en la corteza frontal orbital, del cingulado anterior, y de la amígdala. Las que se consideran regiones activadas durante reacciones emocionales, especialmente cuando éstas envuelven la interacción social y la empatía.

Las anormalidades cerebrales de los psicópatas, como se observan durante los estudios de imaginerías cerebrales
Ésta es la edad de Acuario
Un interludio didáctico.
¿Qué son las edades astrológicas, y qué es la astrología, en la cual, el excéntrico, astrónomo y físico, Isaac Newton creyera?
La astrología es un conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, y con ese conocimiento pronosticar los sucesos futuros. Supone el llegar a ese conocimiento mediante la observación de la posición y el movimiento de los astros. Las personas que practican la astrología sostienen que las posiciones de éstos ejercen influencia o tienen correlación con los rasgos del temperamento de las personas, los sucesos importantes de sus vidas, e incluso sus características físicas.
En la antigüedad, la astrología concurría con la astronomía (estudio científico del universo), pero ambas se fueron separando después del Renacimiento a raíz del Racionalismo (al igual que la alquimia de la química). El empleo de esta disciplina en el mundo actual, con la pretensión de ser conocimiento válido, la vuelve una pseudociencia. (Para apreciar este dilema, recomendamos leer, El pensamiento mágico y el pensamiento científico en pskis.cl).
Quizás nuestras entidades diagnósticas basadas en la adición de síntomas, como, si fueran artículos de mercancía, y como DSM-ETC propone, son ejercicios similares.
Las neurociencias y sus aportes al entendimiento y desarrollo de nuestra tesis

Diferencias de tamaño.
La mayoría de las investigaciones conducidas al respecto provienen del enfoque en dos regiones del cerebro:
• El hipocampo, una porción del lóbulo temporal que regula la agresión y que transforma información en memorias, y
• El cuerpo calloso un puente de fibras que conecta ambos hemisferios cerebrales.

Los estudios conducidos se basaron en lo que los investigadores consideraron, “psicópatas exitosos”, lo que evitan ser aprehendidos y los “psicópatas fallidos”, los que parece que siempre logran ser detectados y sometidos a la justicia.
Los investigadores, al principio, hicieron de su enfoque investigativo el hipocampo cerebral, estudiando ambas categorías de psicópatas con el uso de escáneres e imaginerías magnéticas avanzadas.
El hipocampo juega un rol crítico en la regulación de la agresión y en la distinción de situaciones que se deben de temer y evitar. Un proceso llamado miedo contextual condicionado.
En los psicópatas el miedo contextual condicionado posee un papel en el aprendizaje de lo que se puede y no puede hacerse. Se ha teorizado que el circuito que conecta el hipocampo con la corteza pre-frontal puede contribuir a la impulsividad, falta de control y anormalidades emocionales observadas en los psicópatas.
Todo se reduce a saber lo que está bien o está mal en una situación específica.
La diferencia entre un psicópata exitoso y uno que no lo es, consiste en que el exitoso posee una habilidad mayor para apreciar el miedo de ser atrapado, guiando su comportamiento para reducir esos chances.
Los resultados preliminares demostraron que la mayoría de los psicópatas exitosos y los controles tenían un hipocampo asimétrico.

Cuerpo calloso
Pero, noventa y cuatro por ciento de los psicópatas fallidos poseían la misma anormalidad, con el hipocampo del lado derecho siendo mucho mayor que el izquierdo.
Los investigadores exploraron la teoría de que los psicópatas con trastornos en el hipocampo podrían ser insensibles a las señales del entorno que predicen detección y captura. Lo que los hace más vulnerables a ser aprehendidos.
Ambos, los psicópatas exitosos y los fallidos, comparten una forma de “alambrado” cerebral que los hace incapaces de sentir empatía o consideración por otras personas.
Los hallazgos ya descritos, fueron reafirmados por los resultados de otro estudio cuyo enfoque fuera el cuerpo calloso.
El cuerpo calloso
Es un manojo de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios cerebrales, permitiéndolos trabajar juntos en el procesamiento de información y en la regulación de la función autonómica. En estos estudios, la importancia de esta región y su papel en la psicopatía se exploró por la vez primera.
La noción de que los cerebros de los psicópatas están ensamblados defectivamente y de manera distinta a las personas normales, se demostraría en estas investigaciones.

Los científicos encontraron que, promedio, los cuerpos callosos de los psicópatas eran más grandes por un 23% y más largos por un 7% que los de los grupos controles.
Además de las diferencias en sus dimensiones generales, se detectó que las paredes del cuerpo calloso eran asimismo más delgadas, lo que sugiere un trastorno del desarrollo embrionario.
Otro hallazgo de importancia fue que la velocidad de transmisión de información de un hemisferio cerebral al otro, a través del cuerpo calloso, fue anormalmente alta. Lo que no significa que la función de este órgano fuera superior.
Con el aumento del tamaño del cuerpo calloso vinieron los remordimientos disminuidos, menos capacidad emocional y pocas conexiones sociales — los sellos distintivos de la sociopatía y del narcisismo patológico — y, también de los trastornos del espectro autista, entre algunos más.
Lo cierto, para los investigadores, es que estas personas no reaccionan como lo hacen las demás, y que todavía no entendemos la razón para ello.
Las implicaciones morales del futuro hallazgo de lo que hace que los psicópatas sean como son, son enormes y más allá del propósito en esta tesis.
Para continuar, en esta lección y en la que le sigue, presentaremos casos clínicos de nuestra experiencia para enriquecer la experiencia didáctica

Frank. Serpientes disfrazadas de seres humanos, la psicopatología del psicópata
Frank y yo nos conocimos durante mis rondas de oficial médico de la Marina de Guerra Norteamericana (US Navy) cuando yo hiciera visitas a los pacientes confinados al calabozo naval (brig) de la Base de Charlestón SC.
Frank, me impresionó por su porte y apariencia. Alto, delgado, de piel negra clara. Con presencia distinguida, con aire de estar encarcelado injustamente — por ser de color — y dotado de expresión espontánea y genuina. Detalles que conspiraban para que yo ignorara cándidamente el vasto expediente de infracciones que, este marinero, había acumulado antes, durante — y que seguiría acopiando — después de su dada de baja, de manera deshonorable, del servicio militar.
Mi reacción inmediata, humanitaria, y estúpida fue la de aceptar que Frank era víctima injusta de algún prejuicio racial — recordemos, que estábamos en el famoso sur de los EEUU — lo quizás no sea excusa.
Frank relata su historial
Nació en Biloxi uno de “muchos hijos” — no recordaba cuántos serían — ni quiénes fueran los papás de todos. Solamente recordaba que “mi mamá parió mucho.”
Creció al margen de su sociedad, en dónde, por ser negro claro, sintió no pertenecer. A los 11 años ya había asaltado a una compañera de escuela para robarle el dinero del almuerzo. Su carrera de encontronazos con la ley, empezó entonces, culminando en una decisión por un magistrado juvenil, de darle la opción de enlistarse en el servicio militar o ir a la cárcel — optó por lo que creyera sería la posibilidad más leve.
Antes de proseguir, debemos de resaltar que, de acuerdo a Cleckley, aunque la pobreza no ayuda a ser honesto tampoco es causa de la delincuencia.
Una vez que terminara su entrenamiento básico (boot camp), Frank reanudó su trayectoria de trastadas. Cada transgresión subsiguiente — de manera progresiva — sería de gravedad mayor que la anterior, lo que resultara, repetidamente, en su reclusión en la cárcel militar.

Frank el psicópata
Mientras era prisionero, todos los días aparecía puntualmente, a la consulta médica para quejarse de alguna molestia vaga o de algún síntoma menor que le impidiera trabajar bajo el sol candente del sur.
A veces sí, y otras veces no, se le proporcionaba la anhelada excusa para permanecer, en descanso de cama, en el confort del aire acondicionado de la cárcel naval. Lo hacíamos porque le tuviéramos pena, y por nada más.
Todos sabíamos de qué se trataba este juego — que casi todos los presos, de alguna manera u otra — trataban de jugar.
Porque yo fundara un grupo de soporte mutuo en la prisión — como años más tarde hiciera con BASH — donde participarían los guardianes y los custodiados. Frank, entre muchos, se mostrarían apreciativos del hecho de que el maltrato humano hacia los prisioneros disminuyó, durante mi rotación como médico de la prisión, como Alan Nelson — mi sucesor — notaría — años después — en el Instituto Psicoanalítico de Chicago.
El “favor” de Frank
Una vez, Frank demostraría, de modo extraño, su apreciación hacia mí. Por ello, a Frank — de acuerdo a su manera de pensar — siempre, le debería un “favor”.
Una mañana nuestro amigo pidió a Jacobs, mi asistente, que se excusara para poder hablar en confidencia.
Su solicitud fue concedida, porque creyéramos que iba a comunicarme algo relativo al tabú militar de la homosexualidad o que deseaba una consulta psiquiátrica en mi oficina de la Estación Naval.
Estaba equivocado. A continuación les repito nuestra breve conversación:
“Doctor [en la Marina norteamericana, a los médicos se les llama por su título, y no por el rango] “por favor, no beba el café”” — que ya estaba servido y humeante, frente a mí.
Cuando le preguntara cuál sería la razón para tan inesperada instancia. Me responde con pícara sonrisa: “Yo sé que usted no repetirá lo que aquí, en confidencia, hablemos. Yo lo preparé esta mañana y me meé en la urna”.
En lo adelante, ni Jacobs, ni yo, participaríamos del café matutino, lo que hiciéramos sin saber cuántas veces habíamos tomado del adulterado brebaje.
Finalmente, Frank recibió una descarga deshonorable y de él nos olvidamos.

El “retorno de lo reprimido” y, el retorno de Frank
Hasta que un día. En medio de la noche, recibí en mi residencia una llamada con cargo a mí. Era Frank.
Estaba detenido en la cárcel de Beaufort SC esperando procesamiento por robo a mano armada.
Insistió en que yo manejara las tres horas de distancia hacia donde estaba encarcelado, que le prestara el dinero para su fianza, y que trajera conmigo una carta de referencia para cualquier futuro empleador.
Nunca el silencio, como respuesta, ha sido tan terapéutico, sino para el “paciente” — como para el terapeuta. (Véanse mis artículos acerca de las aplicaciones del silencio en la terapia).
Adelaide Johnson, acuñó el término Super Ego Lacuna, para indicar los defectos difusos en el desarrollo moral de estos individuos que hoy llamamos sociópatas o psicópatas.
Mientras que, en un tono más culinario, su colaborador S. A. Zurek, nos introdujo a la metáfora de “Súper Ego queso gruyere”. (Véase al respecto: Experience, Affect and Behavior por A. Johnson).
Cuando sufrimos una infección — como cuando nos ataca el dengue, por ejemplo — hemos sido víctimas de uno de los imperativos de la Naturaleza, ya que el organismo que nos agredió, lo hizo para reproducirse y sobrevivir. Y, aunque no nos guste, la supervivencia de todos los seres vivos, garantiza el equilibrio de todos — esa es la parte adaptiva.
Pero Dios creó al ser humano con todas sus complejidades y con todas sus posibilidades, y con ello, Dios — ¿o fue la Naturaleza? — nos complicaría nuestras vidas, cuando encontráramos que, para algunos, la verdad es fingida, la moralidad relativa, la mentira honorable, y la manipulación aceptable. Si acaso todos así no pensamos, así es como piensa el psicópata.

De acuerdo a investigaciones recientes se estima que un 4% de la población masculina en Norteamérica y el Canadá son psicópatas. Lo que no debe de ser diferente en cualquier otro país.
Seres que crecen sin desarrollo moral y carente de conciencia. Seres que están faltos de sentimientos nobles, empatía, o sensaciones de afección por animales o por otros seres humanos. Seres defectivos en un sentido especial — seres como Dino.
Un psicópata se define como alguien que exhibe por lo menos tres de siete características que lo distinguen:
• Inclinación al engaño
• Impulsividad en sus decisiones y acciones
• Falta de remordimiento
• Uso de incentivaciones superficiales para lograr lo que desean
• Asociación con personas que ignoran los valores representativos de la sociedad en que viven
• Tendencia a querer imitar a los demás, pretendiendo refinamientos intelectuales que les son ajenos
• Exageración de sus exiguas posibilidades personales, mientras que ignoran sus limitaciones propias, urdiendo fantasías exageradas para pretender logros, que para ellos, serán, por siempre, inalcanzables.

Durante su desarrollo infantil y durante la adolescencia, estos muchachos (porque en su mayoría son varones) sufren de baja autoestima, logran poco en la esfera académica, hacen a las circunstancias, responsables por sus deficiencias, y engañan a quienes pueden, sin pensar en las consecuencias de sus perfidias.
Cuando lo logran, tratan de manipular a los demás apropiando discretamente aquello que no les pertenece. Pueden tratar de no retornar cambio debido, por dinero que se les ha confiado. Experimentan a ser audaces, inclinándose a tentar su suerte en juegos de azar, en los que hacen trampas. Les gusta apostar, porque es posible ganar algo sin esfuerzo y con astucia pretendida — lo que nunca piensan es que en lugar de ganar, puede que les toque perder. Manejan borrachos a velocidades extremas. Cuando jóvenes, prefieren que se les vea en compañía de individuos de mayor edad, estableciendo relaciones sexuales tempranas, aunque no sepan lo que significa el amor hacia otros. Como mienten habitualmente, el robo es una tendencia que les acompaña, con la disposición a la decepción que los caracteriza.
En sus inseguridades se anida un sentimiento de miedo al fracaso que se compensa con una falta de anticipación a consecuencias negativas y adversas a sus agravios. Peor aún, cuando la disciplina merecida por sus yerros, se les impone, tratan de circunvalarla para lograr, por medio de la tergiversación de hechos, salirse con las suyas.
Cuando se les sorprende, se justifican vía el uso de excusas banales, mientras que en lugar de remordimiento se dedican a evitar ser atrapados en futuras acciones similares, ya que el remordimiento les elude.
Aprender a ser morales es algo que, nunca pueden lograr, por su impulsividad característica y por falta de capacidad introspectiva.
Nunca se benefician ni por la experiencia ni por el castigo. A veces, parece que les gusta meterse en líos, para experimentar el logro de salir airosos — en eso consiste el mecanismo psicológico conocido como la contra-fobia.
Les fascina el dinero — especialmente cuando éste es mal habido — porque piensan, que el hecho de tenerlo, los hace grandes. Lo que resulta siendo triste, porque los más inteligentes de los psicópatas, que en nuestro medio existen, se tornan políticos, economistas, sacerdotes meretrices, banqueros despiadados, cambistas arteros, leguleyos venales y usureros. Lo que constituye en sí un espectáculo sombrío desde el punto de vista ético/moral.

Por ser impulsivos y hedonistas la experiencia de las drogas permanece muy cerca para ellos, especialmente cuando son jóvenes. Porque en un esfuerzo, para lograr modular sus ansiedades incontrolables, todo lo que es expediente les atrae. Percibiendo que la solicitud de asistencia profesional para resolver sus problemas puede ser interpretada como una debilidad, evitan confiar en sus mayores o en quienes sean más versados, terminando siendo víctimas de los “consejos” de sus amigos, similarmente en conflicto con la autoridad, la sociedad y el destino.
Por carecer de la capacidad moderadora de los impulsos que se anidan en las áreas prefrontales del cerebro, viven un mundo de envidia y de resentimiento escondidos por no ser lo que nunca lograrán ser, donde quiera que vivan: individuos merecedores de ser respetados. Porque, si es verdad que los banqueros y los políticos corrompidos escapan a la justicia, asimismo es verdad que lo que nunca logran escapar es el juicio de la historia ni el rechazo de las personas decorosas.
El psicópata no es una serpiente o víbora venenosa que vive muy lejos de nosotros en lugares remotos. No, este reptil vive en nuestros vecindarios, es miembro de nuestras iglesias, templos, y sinagogas, maneja nuestros bancos y, a veces son los profesores que enseñan a nuestros hijos.
Este camaleón es tan ubicuo como es mimético, ya que con sonrisas hechiceras expresa el mesmerismo seductivo e hipócrita para de todos aprovecharse. A quienes así son, no se les debe confiar, porque, siendo perversos, aun de su pobres papás e hijos se aprovechan con actitud de inocencia. (Véase: The Sociopath Next Door por M. Stout).
Porque en ellos, las áreas de sus cerebros donde residen el juicio y la razón son tan limitadas como deformes, lo que los domina es aquello que emerge del caldero efervescente de sus cerebros de reptiles. Placer y odio. Pasión y envidia. Pero, más que nada, miedo y cobardía.

La visión de Dino.
La sociopatía es muy cercana al narcisismo patológico, o síndrome de Dino. Siendo una tragedia moral cuando las dos serpientes obscenas cohabitan físicamente en la misma carroña.
La neurociencia en el entendimiento de la patología del sociópata
Desde que Freud publicara el Proyecto para una Psicología Científica en el año 1895 mucho progreso ha ocurrido en este respecto ya que los métodos y los usos para el psicoanálisis han cambiado tan profundamente, como igualmente ha cambiado el campo de la psiquiatría, el que ahora es considerado extensión directa de las neurociencias.
Entendemos que nuestras emociones son reguladas por las actividades de las neuronas del cerebro que, entre sí se comunican por medio de las actividades de los neurotransmisores.
Esas células poseen funciones determinadas por la ontogenia, la filogenia, la epigénesis, y son, a su vez, afectadas por el entorno. Si a ello se añade el impacto de los efectos y esfuerzos de quienes al niño enseñan, educan y protegen, y si se toma en consideración el balance emocional de la persona, se puede comprender sin esfuerzo, que las tendencias del psicópata están afirmadas de modo indeleble en sus encéfalos y que su erradicación es opuesta por el hecho de que son circuitos congénitos cuyas funciones reverberantes, cuando se estimulan, fácilmente conducen al descontrol y a la disrupción total del equilibrio psíquico y estabilidad somática.
¿Por qué es necesario para todos entender al psicópata? Porque estos individuos, como los animales predadores, se alimentan de nosotros en una diversidad de maneras. Nos engañan, cuando pueden, nos injurian en toda oportunidad, y siempre nos usan para sus fines soeces — si es que somos tan ingenuos que en ellos confiamos.

“No me pegues más. y no me tires a la calle. Tengo miedo, papi”. la canción de Francesca.
Nunca expresan lo que, verdaderamente, sienten — no manifestándolo, porque, en realidad, no sienten. Confían en que somos simples y con ello tratan de manipularnos para servir sus propósitos. En de necesidad, pueden decirnos que desean asistirnos, cuando lo que ansían es aprovecharse de nosotros. Pero, todos, si nos necesitan, esperan que, a ellos, los ayudemos incondicionalmente.
En resumen
Porque la definición es imprecisa, ya que los ricos y los que pueden montar buena defensa legal eluden el diagnóstico — cuando éste acarrea connotaciones negativas — y el castigo. La psicopatía permanece una entidad cuya definición se aplica, en principio, sólo al pobre y al indigente.
Sin embargo, con los avances técnicos de las neurociencias y, con un mayor entendimiento de la genética, la epigenética, y de los trastornos del comportamiento, nuevas oportunidades se presentan para analizar más detenidamente cierta patologías que traslapan en sus manifestaciones y, posiblemente en sus orígenes.
En los muchos casos que hemos estudiado y publicados como síndrome de Dino, existen factores del mayor interés clínico:
• Dino, de niño, era enurético y encoprético. Habiendo sufrido de una multitud de fobias
• Sus padres lo rechazaron en favor de un hermano mayor
• La crueldad a los animales fue un rasgo que mantuvo toda su vida
• Como estudiante fue mediocre, siendo incapaz de graduarse del bachillerato
• Se dedicó al canjeo de dinero en lo que se destacó por el pillaje menor
• Contrajo nupcias tres veces y procreó unos siete hijos, dentro y fuera de los lazos matrimoniales
• Le chupaba los oídos a sus hijos para estimularlos sexualmente
• Le forzaba a sus hijas a oler sus flatos, para que aprendieran el olor de la “m.”
• Era chismoso, difamador y mentiroso
• Carecía de todo sentido de honestidad y era incapaz de sentir empatía
• Un hermano menor sufría de trastornos del intelecto, del aprendizaje y de la conducta
• Una sobrina era profundamente retardada
• De su progenie reconocida, una hija muy impulsiva, fue bulímica y abusaba drogas recreacionales
• Otra, la más estable, recibió un diagnóstico de trastorno esquizoide de la personalidad
• Un hijo se diagnosticó con una condición dentro del espectro autista
• Y otra hija, por sus comportamientos decepcionantes, se usó como modelo en su entorno para personalizar la protagonista de la “Mala semilla”
Lo que sumado, y, sin hacer vuelos amplios de la imaginación, nos conduce a pensar que — hasta ahora — los factores bio-socio-psicológicos no han sido explorados lo suficientemente por los investigadores, para explicar los cuadros clínicos que conocemos como la psicopatía, o la sociopatía.

Trastorno de Asperger
Mientras tantos, aquí avanzamos otra hipótesis que pueda justificar una explicación desde otro punto de vista:
Es posible que los trastornos neurológicos que subyacen el espectro autista y la psicopatía puedan ser expresiones epigenéticas del mismo desorden donde la socialización normal, los afectos, y la empatía están negativamente afectados, resultado de defectos en el “alambrado” y la función cerebral.
Lo que será explorado en detalle en la conclusión de esta serie.
Pero, mientras esperamos a que esta hipótesis sea validada, es necesario que todos aprendamos a reconocer los psicópatas camuflados. Lo que constituye un buen punto de partida.
Mientras tanto, permanezcan en sintonía y no sean ingenuos, porque las serpientes están cercas — así dicen los expertos.
Bibliografía
Será ofrecida en la parte concluyente de esta ponencia

Autor:
Dr. Félix E. F. Larocca

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos74/antisocial-psicopata-sociopata-uno/antisocial-psicopata-sociopata-uno2.shtml#ixzz2HuxQdDQV

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